Azulejos

A pesar de ser la nuestra una de las Hermandades más señeras de Sevilla, es una de las poquísimas que no sólo no ostenta ningún retablo cerámico en la fachada de su templo, sino también una de las que peor suerte ha tenido con los retablos que, en la calle que lleva su nombre en el barrio de Los Remedios, se colocaron más o menos a instancias de la misma, como más adelante tendremos ocasión de comprobar.

Y ha sido la piedad de sus devotos la única que, tímidamente, ha erigido algunos en sus domicilios particulares, y tampoco ahí nos ha acompañado la suerte, pues uno de los artísticamente más valioso de ellos, ha salido de nuestra ciudad para dar testimonio del fervor de sus devotos en una modesta ermita de Pechón, en la lejana Cantabria.

Cuando en los años cincuenta se estaba urbanizando el barrio de Los Remedios, se decide nombrar a sus calles advocaciones marianas. La titular de nuestra Hermandad es una de las primeras en conseguir darle su nombre a una calle, gracias a las gestiones que ante el Ayuntamiento hace don Miguel García Bravo-Ferrer, miembro entonces de la Junta de Gobierno de la misma.

El constructor don Alfonso Cámara Carrillo, realiza una promoción de viviendas en la mencionada vía y al terminar ésta, decide colocar un retablo cerámico de la dolorosa del Valle, en la acera de los números impares a la altura del actual número 85, ocupando parcialmente el siguiente; causa de su posterior destrucción, como ahora veremos.

El retablo es encargado a la prestigiosa fábrica de Mensaque Rodríguez y Cía. y pintado por el ceramista Manuel Romero Navarro. 

Nacido en Triana en 1913. Con doce años entra en la fábrica de Mensaque como aprendiz, donde su padre era encargado de ladrillería. 

Tras un larguísimo servicio militar, pues realizando éste le sorprende la guerra civil, vuelve a la fábrica al terminarlo. 

En aquellos duros años de la posguerra pasa a dedicarse a los retablos religiosos, casi únicos encargos importantes que recibía la empresa, llegando a convertirse en oficial pintor. 

Al no ser partidaria la fábrica de que el pintor firmase los retablos inventa el ardid de añadir tres puntos al nombre de la fábrica, lo que se convierte en su firma oficiosa. 

Así aparecía en nuestro retablo. Mide aproximadamente 50 x 70 cms. (es difícil precisar sus medidas por la extraña distribución de los azulejos en el panel), está rodeado con una hilera de azulejos de color verde, que enmarca a su vez una moldura azul. 

Es bendecido por el entonces párroco de Los Remedios don Otilio Ruiz en 1953 . 

El pintor fallece de cáncer de pulmón en 1995.

Allí permanece hasta que en el verano de 2002, al realizarse unas obras en el edificio colindante, es brutalmente mutilado. 

Los cofrades Francisco Vázquez Perea y Antonio Vigil-Escalera Tomé dan la voz de alarma y don Alfonso Cámara Cañaveral, hijo del primitivo donante del retablo, envía una carta al director del diario ABC titulada Salvajismo, donde protesta por la cruel destrucción del mismo y la poca sensibilidad por el mantenimiento de nuestro patrimonio artístico. 

Las piezas no destruidas fueron rescatadas y entregadas al taller del restaurador Manuel Antonio Ruiz-Berdejo Cansino. 

Allí permanecieron algunos años, realizando algunas labores de restauración, hasta que la Hermandad las recoge y se depositan en la anexa Facultad de Bellas Artes, que realiza un estudio en profundidad del paño cerámico. 

Actualmente, cuidadosamente embaladas, se encuentran depositadas en nuestras dependencias, en espera de una ansiada y ya largo tiempo esperada restauración, para poder volver a ser colocado de nuevo, bien en la calle que lleva su nombre, bien en la sede de su Hermandad.

 

Poco después, en 2004, el Hermano de nuestra Archicofradía Narciso Flores Llopis encarga un nuevo retablo, que sigue la misma configuración del anterior, también a la Fábrica de Mensaque Rodríguez y Cía, que pinta Antonio Hermosilla Caro.

Este ceramista, nacido en 1959, se inicia con su tío el ceramista Antonio Caro Parra en Ceramibérica, desde 1983 trabaja en Mensaque, donde se especializa en el retablo religioso, permaneciendo en esta empresa hasta su cierre, en diciembre de 2006.

La colocación del nuevo retablo se desplaza unos tres metros hacia la izquierda, sobre la Inmobiliaria de José María del Nido, entre ambos balcones de la fachada del edificio, que tiene el número 85 de la calle, intentando ya no ocupar nada de la fachada contigua, tras lo ocurrido con el anterior retablo.

Pero otra vez, como si estuviese gafado, la desgracia se cierne de nuevo sobre el retablo, cuatro años dura su efímera vida, pues debido bien a una defectuosa adhesión al muro, bien a vibraciones ocurridas en el interior del edificio, sus azulejos empiezan a desprenderse, y a caerse en una peligrosa lluvia sobre la vía pública.

A finales de 2008, un fragmento de un último azulejo, es el único rastro que queda del nuevo retablo.

 

En la misma calle, pero en el número 91, en el local comercial esquina con Fernando IV, hay otro retablo de la Virgen del Valle, aunque mucho más modesto. 

Colocado por don Francisco Rodríguez Cerquera, propietario del bar Los amigos y luego de la peluquería contigua, fue realizado por Manuel Romero Navarro, el mismo autor del destruido retablo del que ya hemos hablado, hacia 1975. Mide 30 x 45 cms. y está enmarcado por una doble moldura: una ensogada, en blanco, verde y melado, y otra en verde lisa.

 

 

Debemos ahora trasladarnos al barrio del Porvenir, nacido a la sombra de la Exposición Iberoamericana de 1929, para encontrar otro retablo cerámico de nuestra titular. Colocado en una vivienda particular de la calle Porvenir 5, en la década de 1940. 

El retablo está realizado con la técnica de la cuerda seca, aunque para el rostro, la corona y encajes no se utiliza una tinta plana sino que se pinta. Fue realizado en la Fábrica de Mensaque Rodríguez y Cía. Mide 60 x 80 cms, está enmarcado por una moldura cerámica de reflejo dorado y se cubre por un tejaroz cerámico de una pieza. 

El fondo de la fingida hornacina donde se representa la imagen está resuelto con tres tonos de color, como se acostumbraba entonces, en este caso azules. La imagen aparece ataviada con el manto de salida y una saya verde.

Fue colocado por don Fernando Pallares, muy devoto de la imagen. Cuando los señores Moreno compran el chalet en 1969, mantienen el retablo en la fachada.

 

 

Sin movernos del mismo barrio, en otro chalet, ahora de la calle Paraguay 13, nos encontramos un retablo de la Dolorosa del Valle, también realizado en cuerda seca, del mismo tamaño aproximadamente que el anterior, pero de una calidad algo inferior. 

Compuesto sobre un panel de 3 x 4 azulejos de 13´5 x 13´5 cms. cada uno, el rostro de la Virgen queda cortado al estar pintado sobre dos azulejos. 

Los dos superiores están colocados invertidos, distorsionando la forma de la corona de la imagen. Aparece enmarcado por una moldura entorchada, en colores verde, melado y blanco como la de la calle Virgen del Valle 91, pero éste es más antiguo, de alrededor de la década de los cuarenta o cincuenta. 

Fue realizado también en los talleres de Mensaque Rodríguez y Cía, pero desconocemos el pintor.

 

 

 

 

 

 

El último retablo que localizamos, en Sevilla capital, de nuestros titulares, no es ya de la Virgen del Valle, sino de Nuestro Padre Jesús con la Cruz al Hombro, acompañado de la Santa Mujer Verónica, en él se representan a nuestros sagrados titulares junto a las murallas de Jerusalén, junto a una puerta que se abre a un paisaje. 

Se trata de la VI estación del Vía Crucis que, a instancias de la Pía Unión se coloca en 1957, jalonando sus Estaciones la distancia desde la Casa de Pilatos hasta el templete de la Cruz del Campo. 

Recordando así la antigua tradición, exportada por don Fadrique Enríquez de Ribera I marqués de Tarifa, que sostiene que entre ambos puntos hay la misma distancia que del Pretorio al Gólgota. Del panel de cada Estación se hizo cargo una fábrica cerámica distinta, no como en la reposición de las Estaciones desaparecidas, hecha en 1994, que fue realizada íntegramente por Juan Aragón, en su Taller de Águilas 25. 

Se adosa esta VI Estación en la fachada lateral de la parroquia de San Benito, en la calle Luís Montoto. Fue realizado en la Fábrica de Pedro Navia en un poco usual formato horizontal, mide 60 x 45 cms, compuesto por 4 x 3 azulejos de 15 x 15 cms. 

 

 

 

 

 

Ya fuera de Sevilla, localizamos otros retablos de la Virgen del Valle. El más antiguo de todos los que hemos localizado, mide 45 x 60 cms. aproximadamente. 

Se encuentra en el patio de la Hacienda Puyón, en el kilómetro 5´5 de la carretera entre Utrera y El Coronil en Los Molares. 

Fechado en 1918, fue pintado por Francisco Luís Cañas Trujillo, hijo del también ceramista Manuel Cañas Martínez. Es una de las pocas obras conocidas de azulejería, lo pintó para la hacienda familiar.

 

 

 

 

 

 

 

 

Del mismo año nos encontramos, 1918, nos encontramos con este azulejo en la localidad onubense de San Juan del Puerto realizado por Francisco Luis Cañas Trujillo y que proviene de una casa familiar sita en la calle Teodosio de Sevilla. 

Mide 0,45 m. x 0,60 m y es de características similares al que se encuentra en la Hacienda Puyón nombrado anteriormente.

 

 

 

 

 

 

En una colección particular de un matrimonio de hermanos  del Valle en Valencina de la Concepción, encontramos el más moderno de todos estos retablos. 

En él se representa a nuestra Señora, ataviada de hebrea, sosteniendo entre sus manos una corona de espinas y el paño de la Santa Mujer Verónica, aludiendo en una sola imagen a los tres pasos con los que procesiona nuestra Hermandad cada Jueves Santo. 

Fue pintado por Emilio Sánchez Palacios, nacido en 1967, uno de los mejores y más cotizados ceramistas de nuestros días. 

Es hijo del también ceramista Juan Sánchez Cueto, al que podemos considerar discípulo de Kiernan, con quien trabaja casi toda su en vida en Cerámica Santa Ana, hasta que próximo a su jubilación abre su propio negocio Cerámica Macarena con sus hijos, Juan y Emilio a quien enseña personalmente el oficio, aunque ambos se licencian en Bellas Artes. 

El panel, que mide 45 x 60 cms, está compuesto por 3 x 4 azulejos de 15×15 cms cada uno. Fue pintado en su propio taller en 2009 y tiene un acabado magnífico y es de una calidad extraordinaria, como todas sus obras.

 

 

 

 

En otra colección particular de una familia de la Archicofradía se encuentra este bello azulejo pintado, obra de Rafael Muñiz del taller Triana- Rocío de la calle Antillano Campos y que retrata a la Virgen vestida de hebrea tal y como fue realizada su vestimenta en el año 2019. 

Se encuentra en la localidad onubense de Lepe, en concreto en La Antilla.

 

A continuación nos encontramos ante el único azulejo propiedad de la Archicofradía. En febrero de 2020, la Hermandad adquirió en un anticuario local un azulejo de Nuestra Señora del Valle de cuya procedencia solamente se conoce que estaba situado en el interior de un domicilio en Sevilla. 

El mismo ha sido colocado en la entrada de nuestra sede  canónica de la calle Compañía, en el interior de las  dependencias. 

La pieza, de notable factura, está compuesta por tres azulejos de ancho por cuatro de alto y está realizado en una técnica mixta donde se alterna el azulejo plano pintado con la cuerda seca. 

Aunque el azulejo no presenta la firma del pintor ni de la fábrica donde se realizó, por su evidente parecido con otro retablo colocado en un chalet en Sevilla en la calle Porvenir, nº 5, y que sí está firmado, podría adjudicarse a la Fábrica de Mensaque y Rodríguez y Cía. 

Ambos azulejos debieron ser realizados alrededor de los años cuarenta, aunque pueda confundir que la imagen de Nuestra Señora del Valle aparezca con saya verde y el manto antiguo de salida. 

Este aparente anacronismo puede obedecer a que el pintor ceramista utilizara como modelo una fotografía de la imagen tomada casi veinte años antes de la realización del retablo.

 

Y lejos de Sevilla, en la iglesia parroquial de Pechón, en la remota Cantabria, cerca ya de su limite con Asturias, encontramos un retablo cerámico de nuestra titular de 80 x 100 cms.

 

Trasladado a aquellas lejanas tierras por don José Estrada Sánchez: oriundo del lugar, a donde regresa cada verano, fue sin embargo muchos años residente en Sevilla, y es el
donante de la magnífica obra, firmada por Kiernan, pintada alrededor de 1950.


Antonio Kiernan Flores, sobrino y sucesor de Manuel Rodríguez Pérez de Tudela, es uno de los más fecundos ceramistas del segundo y tercer cuarto del siglo XX.


Fue director artístico de la prestigiosa industria Cerámica Santa Ana desde su fundación en 1939 por los hermanos Rodríguez Díaz, hasta su fallecimiento el 8 de abril de 1976, ha dejado una de las producciones más importante del siglo
XX, sobre todo en lo que a cerámica religiosa se refiere. 

Tras estar esperando varios años obtener el permiso correspondiente para la colocación del retablo en el atrio de la iglesia de Pechón, ésta se realizó en 1998.

 

 

Acabamos aquí este somero recorrido por los retablos cerámicos, que de nuestra Hermandad hemos encontrado. 

Solo nos queda desear que contemos pronto con algún retablo del Santísimo Cristo de la Coronación de Espinas, magnifica talla de Agutín de Perea, y uno de los escasos titulares de las Hermandades de Penitencia ausente en el repertorio de los retablos cerámicos, que con tanto éxito inició, en 1912, la Hermandad del Gran Poder, en esta etapa contemporánea, después de que habían sido retirados, en 1868, de la vía pública los retablos históricos por las profanaciones y tumultos ocasionados por la revolución, llamada la Gloriosa.