Santa Mujer Verónica

vera icon

Las Actas de Pilatos, con la leyenda del rey Agbar y el apócrifo evangelio de Nicodemo, nos hablan de Berenice o Verónica, mujer que limpia el rostro de Cristo camino del Calvario con un paño en donde queda impreso el santo rostro.

La reproducción de dicho rostro de Jesús fue denominada en Bizancio “vera icon” (‘verdadera imagen’). A finales de la Edad Media, la Verónica fue situada al lado de las mujeres de las que se hace mención en la pasión de Jesús (cf. Lc 23,27), pasando a ser ella el personaje central de la sexta estación del Via+Crucis: “La Verónica limpia el rostro de Jesús”.

«Una de las mujeres, conmovida al ver el rostro del Señor lleno de sangre, tierra y salivazos, sorteó valientemente a los soldados y llegó hasta Él. Se quitó el pañuelo y limpió la cara suavemente. Un soldado la apartó con violencia, pero, al mirar el pañuelo, vio que llevaba plasmado el rostro ensangrentado y doliente de Cristo. Jesús se compadece de las mujeres de Jerusalén, y en el paño de la Verónica deja plasmado su rostro».

La reflexión sobre la mujer que limpió el rostro de Jesús manchado con sudor, lágrimas, sangre, salivazos, escarnio y humillaciones nos conduce no solo a admirar el gesto valiente de la mujer Verónica que rompiendo el cerco se abrió camino hasta Jesús, sino también y sobre todo a contemplar el rostro del Señor que humillado no abría la boca, que nunca perdió la dignidad del Justo injustamente condenado; del Hijo de Dios encarnado que no tenía rostro humano (cf. Is 52,14; 53,2-3).

Es al mismo tiempo un rostro que se evita, y un rostro bello (cf. Sal 45,3) y majestuoso. 

Este rostro santo nos mueve a desear ver el rostro del Dios invisible, por el que suspiramos como Moisés: “Muéstrame tu rostro” (cf. Ex 33,11-23; Ex 24,16). 

Jesús «es imagen del Dios invisible» (Col 1,15) y Rostro personal de Dios Padre.

 

Atribuida durante muchos años a Juan Martínez Montañés, fue realizada por Juan Bautista Patrone y Quartin y policromada por Juan Roso en 1801.

Es una talla de candelero de 125 cm de altura y su policromía es de estética neoclásica, muy blanca y nacarada.

Fue restaurada en 2002 por Enrique Gutiérrez Carrasquilla y se le hizo un candelero nuevo.

Titular de la Hermandad, acompaña a Ntro.Padre Jesús con la Cruz al Hombro en el paso de la calle de la Amargura.

Erróneamente se atribuye a Andrés Rossi, pintor que en 1818 realizó el cuadro de la Verónica, propiedad de la Hdad. y que está en la iglesia del Santo Ángel.

 

Cuadro de Andrés Rossi, realizado en 1818 para la Primitiva Archicofradía, depositado en la Iglesia del Santo Angel, propiedad de la Hermandad de El Valle.

Los esbozos barrocos que recuerda la composición de Rossi a la hora de perfilar el modelo iconográfico, al mostrar a la mujer de medio cuerpo, con la mirada ascendente, a modo de plegaria, tocada con un velo de tonos marrones, portando una sábana con el icono de la cabeza de Cristo.

La blancura de la textura del mantolín blanco, se inserta en la tradición zurbaranesca, que había dejado inmortalizado el motivo único de la Santa Faz, del que realizaría varias versiones, como la conservada en la Hermandad Sacramental de San Pedro. El icono del Santo Rostro concebido por Rossi enlazaba con la versión medieval de inspiración bizantina, que había quedado plasmada en las pinturas del Greco. La obra sería concebida con el aire de misticismo propio de la temática representada, que había quedado muy arraigada en la devoción popular contrarreformista, de la que había nacido la propia corporación sevillana.

Cuadro de la Santa Faz propiedad de la Archicofradía situado en la zona superior del Altar de nuestros Amantísimos Titulares en la iglesia de la Anunciación.

En la propia pintura aparece la leyenda escrita “Este cuadro es donación del Sr. Cardenal Arzobispo de Sevilla S. Juan de Cervantes hecha en el año de 1450 a la Hermandad de la Santa Mujer Verónica y Nuestra Señora del Valle. Su fundador”. Escuela sevillana del siglo XVIII.

 

Fotos de Román Calvo